Sentencia indirecta

Mi madre me dijo que rebuscando entre los álbumes, encontró algunas fotos de cuando jugaba al baloncesto. Le pedí que me las enviara por email pero todavía no me he dignado ni a encender el portátil. 
La verdad es que no me hace falta ver las fotos para recordar esos tiempo. Honestamente, nunca fui muy buena, y tampoco me sentía muy integrada en el equipo, pero había algo en ese deporte que me hacía disfrutarlo como si no hubiera mañana. 
Nunca olvidaré aquel partido en el que fui la estrella. arqué once puntos, di seis asistencias y corría como el viento de un lado a otro sin cansarme. Lo mejor fue la ovación de mis entrenadores cuando, haciendo una entrada, conseguí esquivar la defensa y hacer una preciosa bandeja por un lado que nadie se esperaba. 
Después me aburría, me cansé del equipo y decidí que no merecía la pena esforzarme en algo que no me iba a llevar a ningún sitio. Supongo que aquel partido fue la sentencia, porque no recuerdo mucho más de la temporada después de ello.
La verdad, ahora que miro las fotos, solo puedo pensar en lo fea que salía; es que ni queriendo. 

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