Últimos segundos
Eran las dos de la madrugada, estaba leyendo El visitante , de Stephen King, y se estaba muriendo de miedo. Secuestró a Bobby, un gato tan viejo que no se molestaba ni en cazar el ratón que merodeaba la casa desde hace días, pero su calor y sus ronroneos la aliviaban un poco. Casi le da un ataque al corazón cuando la alarma de un coche aparcado en la calle empezó a sonar. Saber de dónde venía el sonido no la tranquilizó mucho más. ¿Y si alguien lo estaba robando? ¿Debería llamar a la policía? O peor aún, ¿y si era el monstruo del libro, que viene a por el sufrimiento de sus lectores como en las películas japonesas? Quería ir a asegurarse de si el cerrojo estaba echado, pero, si se levantaba, Bobby se iría molesto y no podía permitirse estar completamente sola. Había pensado irse a dormir pero estaba aterrorizada; además, las escaleras para ir a su cuarto hacían volar su imaginación. ¿Y si estoy subiendo y aparece algo, me caigo de espaldas y me rompo el cuello? ¿O consi...